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Isabel Pérez nos cuenta su aventura en el Raid Maqui

Crónica del Raid Maqui, por Isabel Pérez

3 junio, 2016 | Escrito por Recuperat-ion Recuperat-ion

A estas alturas conocemos bien la actitud Maqui y sabemos por qué que los bikers van en busca de ella. Pero si fuera al revés, si Raid Maqui tuviera que buscar a los participantes que mejor se adaptaran a su filosofía, seguro que la primera de la lista sería Isabel Pérez. La entusiasta integrante del equipo Scott Taymory nos cuenta cómo de especial fue su primera experiencia en esta prueba.

Para empezar, me presento. Me llamo Isa, tengo 35 años, vivo en Madrid y soy integrante del equipo Scott Taymory. Compito en grandes distancias: maratón, ultramaratón, carreras por etapas… Sin embargo, mi calendario no se centra en carreras “importantes”,  entendiendo como importantes aquellas que tengan repercusión en mi currículum deportivo, sino en aquellas que me aporten algo especial, pruebas diferentes, que me sorprendan y me hagan disfrutar.

Me hablaron del Raid Maqui cuando aún era Terra de Maquis. Durante algunos años lo tuve en el punto de mira. Los dos primeros no pude venir, y, justo el año pasado, cuando decidí que sería mi objetivo principal e inamovible de la temporada, no se celebró, porque estaban llevandoa cabo el replanteamiento de la prueba, la conversión al Raid Maqui. Y tuve que esperar… -¡cuánto valdría la pena!-. Para esta edición pasada, cuando estaban a puntito de abrirse las inscripciones, a las 10 de la noche de no recuerdo qué día, yo ya tenía el dedo encima del “enter”.

El Raid Maqui es conocido por todas sus sorpresas

Me inscribí junto con un buen amigo, muy cómplice en la montaña -se compite por parejas-. Este año ya había hecho carreras muy duras, de varias etapas, ultramaratones, muy técnicas…, así que iba tranquila; el Raid Maqui no podía ser peor. Salí el viernes del trabajo y partí rumbo a Catalunya, dispuesta a hacer una carrera cuyas altimetrías no había ni tan siquiera mirado. Pero mi chico, que además llevaba una semana por la zona, me dijo: “Isa, no te preocupes si ves que los kilómetros parecen muy lentos…”. Me asusté un poco. ¿La habría subestimado? -Os adelanto la respuesta: es sí, un rotundo sí-.

Vamos con el día D. La primera sorpresa llegó antes de empezar a pedalear. Para acceder a la zona de salida teníamos que pasar por un control en el que revisaban que hubiéramos escrito, como pedían, nuestro número de dorsal en cada una de nuestras barritas y geles, para comprobar que nadie tirara los envoltorios al suelo. ¡Me pareció una idea estupenda! Disfrutar de la montaña pasa, ante todo, por cuidarla.

Una vez empezamos, enseguida nos dimos cuenta que estábamos en una prueba distinta: ¡íbamos empalmando un sendero con otro sin apenas pisar una pista! -y lo mejor: esto duró hasta el final, fue un festival de senderos-. Efectivamente, los kilómetros se hacían lentos. En los perfiles del recorrido que nos facilitó la organización estaban marcados los avituallamientos –suficientes y muy completos- y, entre uno y otro… ¿Un patito? Sí, era un patito. Pues estos patitos resultaron ser avituallamientos-sorpresa, locuras, no sé ni cómo llamarlo. La cuestión es que venían genial para oxigenar la mente y hacían que la carrera fuera distinta a todo lo que habíamos podido ver antes. En uno de los patitos, por ejemplo, había unas chicas disfrazadas de marujas en un sofá -¡un sofá allí en medio!- y, cerca de ellas, unas cuerdas de tender llenas de bragas enormes, sujetadores y demás. Divertidísimo. Había gente tímida, pero nosotros nos paramos, nos sentamos con ellas, nos hicimos fotos… reímos un buen rato, vaya. Es de señalar la alegría y la disposición de todos los que, como ellas, estaban en el circuito para sorprendernos y hacernos pasar un buen rato. La actitud Maqui nos había quedado perfectamente clara. Otro de los patitos -para mí, patito máximo- llegó en el Km 104, cuando ya íbamos muy fundidos. A medida que nos acercamos al punto señalado, nos cruzábamos con gente que venía de allí,  completamente alucinada. “¡Ya veréis lo que os espera!”, nos decían. Pero nada más… Pues bien, llegamos a una casa de campo  a la que resulta que teníamos que entrar. Una vez dentro debíamos bajar una escalera oscura, sólo iluminada por una luz roja. Me temía lo peor. A medida que bajábamos empezamos a escuchar música, cada vez más fuerte. Y llegamos a… ¡una “Disco-Biker”! Disfraces, gente bailando, luces, música a tope -tecno dance noventero, jaja-. ¡Era increíble! Y lo dimos todo en la pista. Tanto di que luego pasé unos kilómetros bastante justa. No me gusta probar nuevos geles ni bebidas en carrera, pero me pudo más la necesidad. Y necesidad de todo, tanto de sales como de geles; así iba. Pero tanto Hydrasport como los geles Recuperat-ion me sentaron perfectamente y me dieron ese empujón final. Bueno, casi final, porque en el último patito, ¡nos encontramos con un avituallamiento a base de perritos calientes y cerveza!

Celebración en la llegada del Raid Maqui

Sin duda el Raid Maqui fue muy exigente y dura, pero llevaba al máximo exponente la filosofía y actitud que buscamos -#actitudidiversion-. ¡Fue increíble! Tanto, que para el 2017 volveré a tener el dedo encima del “enter” minutos antes de que se abran las inscripciones.

Por Isabel Pérez

Fotos de Marc Sixto

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Comments

  1. Magi
    -

    Muy bien narrado, un muy buen recuerdo que no se borra nunca de la mente

  2. admin
    -

    Gracias Isabel por tus comentarios!

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